TRIBUNA

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Polvo de aquellos tiempos

Isaías Colunga Morales

La anterior entrega periodística en la que como parte del todo refería los nombres de algunos “notables” que lo fueron en la mapachería en Tamaulipas en la década de los 80-90, motivó, lo mismo reclamos de algunos, que interés de otros por conocer más de esa época de los procesos electorales en que esa cultura del fraude electoral estaba en su apogeo.

De manera suscinta le cuento: en 1983, se realizaban elecciones estatales en Tamaulipas, con tal motivo fuimos contratados para desempeño profesional en medios, por Joaquín Villasana, quien en la Secretaría de Salubridad, en la Ciudad de México, había fungido como director de Comunicación con el Dr. Emilio Martínez Manatou, que a la postre se convertiría en gobernador del Estado.

Con Villasana –quien era paisano, de Tampico-, cultivamos una amistad y relación profesional, precisamente en la SSA, en donde, con la representación de El Sol de México, de la OEM (Organización Editorial Mexicana), hacíamos la cobertura informativa y noticiosa, en tanto que Joaquín, su tarea de Director de Prensa y Comunicación. Por esa relación, y la que él tenía con Martínez Manatou aún como gobernador, es que nos trasladamos a Cd. Victoria, en víspera de los “destapes” de candidatos a los puestos de representación popular.

Platicamos con la jefa de auxiliares y asistentes de Martínez Manatou, Lourdes Arguelles, quien previamente le había llamado al entonces dirigente del PRI estatal, Joaquín Contreras Cantú, para que estuviera presente y hacerle saber que habíamos sido contratados para “manejar” desde el punto de vista periodístico y propagandístico, la campaña del inminente candidato del Revolucionario Institucional a la presidencia municipal de Soto La Marina, doctor Abel Gámez Cantú.

En la campaña de Soto La Marina tenía especial interés el gobernador, no tanto por la importancia política, social o económica de la plaza, tampoco porque el candidato fuera Gámez Cantú, sino porque el contrincante era nada más y nada menos que don Francisco Cárdenas González, hermano mayor de la dinastía Cárdenas González, que políticamente encabezaba don Enrique, predecesor de Martínez Manatou en la gubernatura y con quienes existía una rivalidad… política.

Por ello, la defensa a ultranza del Ayuntamiento. Era un asunto de dignidad política personal, de allí que no se escatimaran recursos para apoyar al candidato priista.

El equipo de campaña había sido cuidadosamente seleccionado, con lo más granado de los operadores que para tal misión se requería: todos jóvenes, avezados en el arte de ganar –al costo y artimañas necesarias-, cualquier elección.. La característica de todos ellos: probados priistas. El coordinador general de la campaña, Ramón Durón Ruíz (a quien ya le brillaba una estrella, en ese momento era dirigente estatal de las juventudes del PRI. Más adelante llegaría a ser alcalde de Cd. Victoria, diputado local, federal, procurador de justicia, entre otros cargos). Otros en quienes recaía la responsabilidad de hacer ganar al candidato eran los no menos experimentados Ranulfo Pérez Ruíz, El Pipo Rodríguez y Sergio Mota, con una característica común: todos entrones, puntiagudos, de rompe y rasga, cifrados entre los 25 y 30 años.

La única área en la que no tenían injerencia era la de prensa, que dependía y había sido contratada con carácter de servicios profesionales(los cuales se brindan a cualquier persona, grupo o institución que los contrate), luego entonces quienes la integrábamos, no necesariamente teníamos que ser priistas. El auxiliar principal en el área de prensa era el hoy notable periodista radicado en la Capital del Estado, Felipe Martínez Chávez, dínamo sui géneris, en quien prácticamente recaía la responsabilidad de elaborar el periódico de campaña y los comunicados de prensa.

Tanto era el afán del gobernador de hacer sentir que en Tamaulipas los reales del PRI estaban bien sentados, que a los mismos columnistas de la prensa nacional les intrigaba que un municipio como Soto La Marina, perdido en la geografía nacional, se dimensionara en la prensa nacional como un singular bastión del priismo. De ahí su interés en contratar los servicios de quien tuviera relación y conociera el medio en la Capital de la Republica. Sin embrago, la percepción pública en el Estado era muy clara: que quedara constancia de que el gobernador Emilio Martínez Manatou, tenía el control político en el Estado.

No obstante, la realidad era que don Francisco Cárdenas González, candidato del Partido Socialista de los Trabajadores tenía tanto arraigo en la comunidad que se perfilaba como ganador, lo que en las urnas se demostró pero que con artimañas, trataron de revertir a favor del PRI. No obstante lo abultado de los votos a favor de Don Francisco Cárdenas González y sin que se pudiera comprobar que la votación favorecía al del PRI, las autoridades electorales –bajo consigna del gobernador Martínez Manato u-, terminaron por decidir que ante lo confuso de los resultados, se determinaba nombrar un Consejo Ciudadano. Ante tal circunstancia, Emilio Martínez tuvo que reconocer que la elección, prácticamente había cerrado en un empate técnico, lo cual no fue cierto, pero prefirió aceptarlo así y no como que su candidato Gámez Cantú y consecuentemente él, habían perdido.

Es de subrayar que en ese entonces, Don Jorge Cárdenas González, era alcalde –por primera vez-, de Matamoros y por tanto, disponía del tiempo y los recursos para apoyar a su hermano que contendía por el municipio de Soto La Marina. Recordamos haber visto llegar los fines de semana en viaje exprofeso a la Banda Municipal de Matamoros para amenizar los eventos de Don Francisco, además de regalar cachuchas, vasos, mandiles, camisetas y todas esas maritatas que en campaña suelen ofertar lo mismo petistas que priistas, panistas, etcétera.

Además de obtener el triunfo electoral, el objetivo del doctor Martínez Manatou fue dejar de manifiesto que en Tamaulipas tenía el control político, lo cual –hay que decirlo-, le costo al erario muchos millones de pesos. A los “operadores políticos” de la campaña, les esperaba promisorio futuro en la administración pública estatal, como sucedió. A quienes integramos el staf de prensa y propaganda y la relación con los medios nacionales, regresamos a lo que sabemos hacer: investigar, reportear, escribir.