TRIBUNA

El pasado y el porvenir

Isaías Colunga Morales

Cuando estamos a pocos días de cerrar un capítulo más de nuestras vidas, concluyendo casi el 2018, es época de análisis y reflexión respecto de nuestra conducta personal y ciudadana; como actores del mundo, pero principalmente como mexicanos, en qué medida hemos actuado para contribuir a forjar un mejor camino para un mejor destino individual y colectivo que contribuya a heredar un destino más próspero a nuestros hijos, nietos y demás descendencia, así como a otros congéneres.

A fuerza de ser objetivos, hemos de reconocer que como ciudadanos del mundo no fuimos capaces de responder a las expectativas que la sociedad en su conjunto se planteó en aras de un porvenir más promisorio ambientalmente, aportando algo para restablecer el orden y la armonía con la naturaleza. Unos más, otros menos, consciente o inconscientemente contribuimos al deterioro de nuestro ecosistema con actitudes irresponsables que han contribuido a acelerar el deterioro de nuestro entorno, de nosotros mismos, de nuestras vidas.

Pero también hay que decirlo, en ello, nos acompañaron los gobiernos quienes por mandato de ley mayormente obligados están a aplicarse en el compromiso de frenar la cada día más acelerada destrucción del entorno mundial. Aunque la sentencia, suena catastrofista, no lo es, y lo constatamos todos los días, cuando observamos las calamidades generadas por todo tipo de fenómenos naturales: calentamiento global, deslaves, huracanes, tornados, terremotos, contaminación y todos los problemas socioeconómicos de ello derivado. No es poca cosa, de ahí el valor de la reflexión y el compromiso para que el 2019 resulte esperanzador para la humanidad.

Asimismo, son muchos y variados los retos para los mexicanos que anhelamos dejar atrás la pesadilla del flagelo infligido por la delincuencia en todas sus manifestaciones. En el 2018, como en los anteriores 12 años de gobiernos prianistas, miles de mexicanos padecieron robos, asaltos, secuestros, asesinatos, individuales y colectivos, como consecuencia del solapamiento, la cohabitación de los delincuentes con los mandos policiacos y con gobernantes (Tomás Yarringtón y Eugenio Hernández), íconos de la corrupción e impunidad.

Aunado a lo anterior, el empobrecimiento colectivo de millones de mexicanos, sumidos en la pobreza progresiva, con una economía flagelada por la espiral inflacionaria precios-salarios, insuperable en el corto y mediano plazo, por los bajos salarios y la previsión social que igualmente ha ido a la baja, solapada y hasta alentada por los “líderes” obreros quienes inmisericordes han contribuido en mucho a que al concluir el 2018, aumentara el número de pobres a 62 millones, poco más de la mitad de la población, en tanto otros que superan los tres millones, viven en la extrema pobreza, cuantitativamente comparable con la miseria.

Este es el saldo que sociológica hablando nos dejan los últimos gobiernos, tanto del Partido Revolucionario Institucional como el de Acción Nacional.

En donde el saldo es enormemente favorable en el año que concluye, es en materia de participación política ciudadana, la cual, hastiada del cumulo de problemas de todo orden, decidió masivamente dar un cambio democrático al equivocado y deliberado rumbo corrupto que los neoliberales le habían dado al enfoque económico y financiero del país, al cual la mayoría de los ciudadanos en edad de votar, les pusieron un hasta aquí, decidiendo otorgar su confianza y esperanza en Andrés Manuel López Obrador, a quien en las elecciones del 2006 y 2012, las autoridades electorales federales al servicio de los presidentes Fox y Calderón (PRI y PAN), le robaron el triunfo que la sociedad le había otorgado por la vía electoral.

Y es que, con el antecedente que de gobierno exitoso tuvo López Obrador en el 2000-2006, como Jefe de Gobierno, más el prometedor y realista programa presentado sucesivamente como candidato a la Presidencia de la República, sintetizado en su Proyecto Alternativo de Nación que de manera puntual marca las cien acciones prioritarias de lo que ya es su gobierno, coronados con su apotegma de “no robar, no mentir y no traicionar”, más su probada honestidad, los mexicanos concluyeron que la única opción viable para instaurar un nuevo régimen esperanzador de desarrollo social, económico, educativo, cultural, etcétera, era el política tabasqueño, Andrés Manuel López Obrador.

Con la convicción de que, a partir del 2019, a las mayorías pauperizadas les irá mucho mejor que con los últimos seis gobiernos emanados del PRIAN, es que los mexicanos hemos iniciado ya la IV Transformación Nacional, de tal calado como la Independencia, la Reforma y la Revolución de 1910.

Finalmente, informó a mis tres lectores, que el autor de TRIBUNA estará ausente de las páginas de opinión de CONTACTO, en virtud de las fiestas decembrinas, reincorporándonos -si Dios nos lo permite-, la primera semana de enero del inminente 2019. Comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com