TRIBUNA

La era AMLO: la Cuarta Transformación Nacional

Isaías Colunga Morales

Emotiva y esperanzadora resultó la ceremonia de asunción a la Presidencia de la República, de Andrés Manuel López Obrador, en un ambiente expectante en el que estaban puestos los ojos y la atención de todo el mundo, en virtud de lo enigmático de la figura de quien ya ha iniciado la Cuarta Transformación del país.

Hablar de la Cuarta Transformación, es hablar del inicio de un proceso de cambio profundo de estructuras de un Estado política, económica y socialmente decadente como el que hoy nos dejan los regímenes prianistas en México, en el cual su población soportó toda suerte de vicios, corruptelas, ineficiencias, deshonestidad, impunidad, mismos que a través de décadas, estoicamente padecimos, terminando por incubar el sentimiento de rebeldía colectiva que, al explotar, detonó el ¡Ya basta!, el pasado 1 de julio que determinó en las urnas el triunfo electoral de ese excepcional líder quien con su honestidad, modestia y sencillez conquistó la admiración y simpatía de 30 millones de mexicanos quienes nos embarcamos en esta aventurada travesía, con todos los riesgos que ello implicó en lo patrimonial, profesional, familiar y personal, para anidar en la sociedad la urgencia de una Cuarta Transformación nacional.

Acostumbrados como estamos a las frases hechas, tal vez lo de la Cuarta Transformación suene a una expresión más de la retórica política, sin dimensionar el alcance histórico que tuvieron en la forja de la nación los anteriores e históricos tres cambios sociales, conocidos también como transformaciones sociales: la Primera, de Independencia, con Hidalgo; la Segunda, la Reforma, con Juárez; la Tercera, la Revolución, con Madero y hoy, la Cuarta, con López Obrador.

Aunque las tres primeras tuvieron como signo distintivo la lucha armada y el consecuente derramamiento de sangre para lograr el cambio, esta última, aunque circunstanciada bajo las mismas condiciones de injusticia, explotación social, robo y saqueo a la nación por la mafia en el poder, es en sí misma una revolución porque las transformaciones que de las caducas estructuras sociales se harán, son profundas, a fondo desde el punto de vista político, económico, social, cultural e institucional pues, como sucedió en 1810, 1858 y en 1910.

Hoy los escenarios son totalmente diferentes a los de las mencionadas gestas heroicas y, por tanto, los instrumentos de lucha también. Hoy –por lo menos en América Latina-, los cambios se están dando por la vía de las instituciones, pero fundamentalmente por la de la organización, presión, determinación, radicalización social y de la toma de conciencia. No acaso el imperio norteamericano continúa haciéndose de la riqueza de otros países, pero ya no invadiendo físicamente los territorios, sino por la vía del diálogo, convencimiento y la firma de tratados comerciales, como lo ha hecho los últimos 30 años con México y otras naciones del área.

Es el caso del proceso de construcción de la lucha enarbolada por Andrés Manuel López Obrador quien con el respaldo de las masas populares, pero también de las clases medias, de intelectuales, periodistas progresistas y de la sociedad civil en general, fue estructurando el andamiaje para rescatar a la nación y luego –como lo propuso en el Congreso, en su rendición de protesta-, conducirla a mejores estadios de progreso y justicia social, como seguramente lo empezaremos a ver en pocos meses más.

Sin embargo, el problema para la plena consecución del proyecto alternativo de nación, podría tener obstáculos con gobiernos estatales y/o municipales que –como ya lo han hecho-, bajo el argumento de que el nuevo régimen lopezobradorista “pretende vulnerar el Pacto Federal y con ello su soberanía, autonomía y dignidad” se muestren refractarios al cambio propuesto por el nuevo gobierno, a sabiendas de que perderán los inadmisibles privilegios que durante 89 años disfrutaron.

Lamentable es que, a esta resistencia al cambio, inclusive se estén oponiendo presidentes municipales que a la sombra del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), a la luz del fenómeno lopezobradorista, obtuvieron el triunfo electoral y aún así, se niegan a sumarse a la cruzada moralizadora para el ejercicio honesto del servicio público, privilegiando la corrupción en las tareas de gobierno.

Las premisas de no robar, no mentir y no traicionar, son letra muerta en la mayoría de los gobiernos municipales en donde MORENA es gobierno y ello se debe a que quienes fueron postulados como candidato son individuos que nacieron, crecieron y se desarrollaron en el rancio priismo cuyos postulados nacionalistas sólo quedaron en eso: en postulados. Su realidad la conocemos, no son pocos los ayuntamientos ganados por MORENA, pero operados por priistas que al ver agotadas las posibilidades de triunfo electoral con sus siglas partidistas propias, optaron por mudarse a MORENA, cuyo partido en el pecado llevará la penitencia, sino se sacude a tiempo a las lacras invasoras. Comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com