TRIBUNA

La farsa que sigue

Isaías Colunga Morales

Apenas hemos terminado los ciudadanos de salir de un proceso político-electoral (julio 2018), y ya estamos inmersos en otro, con las mismas características: tres partidos a los que por sus estructuras se les puede llamar así; algunas franquicias que de partido solamente tienen el organigrama; mismos patrocinadores –formales e informales-, eso sí, todos con diferentes actores en el arrancadero.
Otra vez: circo maroma y teatro a enorme costo económico del cual obtendrán jugosos dividendos todos los demás actores que de vestir el acontecimiento se encargarán: dirigentes de grupos, partidos y franquicias, líderes de organizaciones, dirigentes de colonos y medios que se prestan a la simulación de las empresas electorales en eso de la promesa, del acarreo estimulado y enaceitado con la despensa y en no pocas ocasiones con el apoyo económico semanal mientras que dure el proceso que concluye con el compromiso del voto a favor de quien haya dado más, en el día “D”.
Un proceso que, por ser constitucional, es legal, pero que desde su gestación es perverso, también en su desarrollo y hasta a su conclusión, que, además, esta vez, para los tamaulipecos tendrá un costo aproximadamente 263 millones de pesos, para una elección de solamente 36 diputados, 22 de mayoría y 14 de representación proporcional, mejor conocidos como plurinominales.
Duele reconocerlo, pero a final de cuentas, de lo que se trata todo esto, es de la degeneración de la política que en nuestro país alcanzó grados exponenciales, terminando por hacer de ésta todo un modus vivendi en la formalidad de toda una estructura legitimada constitucionalmente para edificar y fortalecer la democracia, trastocada por los demagogos que comandan los partidos y las catervas de quienes históricamente han vivido en la simulación.
Para muestra solo un botón: aterricemos en Matamoros, en donde hasta 1980 (Jorge Cárdenas González), la participación en los procesos político-electorales estaba reservada por antonomasia a los hombres; a las mujeres simplemente les estaba asignada la función de acompañantes (de los políticos). Excepcionalmente las hubo como la Señora Sonia Martínez Del Villar, quien lo hizo –nos parece-, con un buen grado de convicción social, a diferencia de muchas que posteriormente, impulsadas más que por el deseo de servir desde la función pública, lo hicieron bajo la motivación inducida muchas veces por individuos incrustados en los partidos, manipuladores y mercenarios, quienes empezaron a observar que la política era un negocio altamente rentable.
Aun y cuando se supone que quienes aspiran a obtener un puesto de elección popular, sea en cabildo, congreso local, federal o a mayores alturas, así como en la administración pública, deben de poseer un nivel educativo y cultural comprensible, así como preparación suficiente sobre la administración, se ha visto tanto por la sociedad como por los mismos dirigentes de partidos, como algo innecesario, en razón de que su óptica a ese respecto se limita a hacer cálculos sobre los dividendos políticos y económicos que obtendrán a partir de lograr una posición.
Dicho fenómeno ha sido alentado desde las cúpulas mismas de los partidos y sus dirigentes quienes desde que contemplaron que la política era el mejor negocio generador de excelentes dividendos, sin necesidad de correr riesgos en inversión de capital financiero, se arrimaron a los partidos que electoralmente consideraban más atractivos para satisfacer sus ambiciones. Así lo hicieron los Sampayo, los Almanza y los Salazar en menor medida, cuando vieron que el Partido Acción Nacional era atractivo electoralmente. Antes lo habían hecho en el PRI, quienes, a la luz de su desprestigio y pérdida de simpatía, están ahora emigrando a MORENA.
Y es que, de veras, suerte les dé Dios, que el saber poco importa. Corroborémoslo echando un vistazo a la integración del cabildo actual y al que acompañó a Jesús de la Garza, a Alfonso Sánchez, a Baltazar y a muchos otros, por no decir que todos, cuya característica ha sido la falta de conocimiento elemental, básico, fundamental sobre la estructura administrativa, operativa y jurídica del Ayuntamiento.
La suma de todos estos factores más los acreditados en el desarrollo de las campañas en donde ya no es el discurso vehemente, las ideas, las propuestas, el compromiso ético de los candidatos, sino el tanto más cuanto, la dádiva, la despensa y la promesa falaz lo que campea, es lo que ha demeritado el quehacer político convertido hoy en día en un vodevil, en un mercado prostituido en el que los principios ideológicos que daban sustento y valía a los partidos, fueron abandonados en el muladar de las ambiciones. Salvo rigurosas excepciones. Este es el panorama observado a lo largo y ancho del país durante los últimos 40 años. ¿O no? Comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com

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