TRIBUNA

Fuera máscaras: la JAD fue pervertida
Por Isaías Colunga Morales
La declarada intención del presidente municipal, Mario López, de realizar una consulta pública para “decidir la operatividad” (¿?) de la empresa paramunicipal Junta de Aguas y Drenaje de Matamoros, muestra de alguna manera su preocupación por terminar con vicios, irresponsabilidades e improvisación –por decir lo menos-, que históricamente arrastra la cuestionada institución.
De suyo, casi desde su fundación en 1949, los criterios de servicio, orden, honestidad y progreso con los que la JAD se constituyó para servir a los matamorenses, fueron trastocados por ambiciones personales de hacer riqueza y construir prestigios y carreras políticas a costa del saqueo de lo que surgió con la intención de construir una institución para edificar un importante patrimonio para los habitantes de Matamoros.
Con esos afanes desviados de los objetivos con que surge, es que todas las administraciones municipales, los sucesivos gerentes de la Junta de Aguas, así como los consejos de administración, vieron y sintieron haber encontrado una fuente de enriquecimiento y a la vez, un medio para ascender en la escala política y de las administraciones públicas. Es decir, la JAD fue convertida en caja chica –¿o grande? – de los dos únicos partidos que han detentado el control y poder público, lo mismo desviando sus recursos financieros que convirtiéndose en agencia de empleos, al servicio de quienes tengan el control en el momento.
Por eso la noble paramunicipal no ha logrado fortalecer su infraestructura operativa, incrementar sus bienes de capital, consolidarse financieramente para la realización de grandes obras hidráulicas y, también, constituir una planta laboral técnica y administrativamente eficiente que no esté con el Jesús en la boca cada que hay cambio de gobernador, presidente municipal o gerente, como ha sido la constante durante sus casi 70 años de existencia.
No obstante, consideramos que los buenos propósitos no son suficientes.. Se requiere de voluntad política del alcalde y de quien, como gerente, de veras, quiera pasar a la historia buena. Al gobernador, se le puede informar, como una atención, pero no permitir que sea él quien determine la forma y con quién sea administrada la JAD, simplemente por condescendencia política
El estado financiero de bancarrota en que se encuentra la JAD, es del dominio público y rescatarla requiere de una cirugía mayor: reformas legislativas a la ley en la materia que permitan modificar su estructura organizacional y administrativa (muchas jerarquías con todo lo que ello implica: sueldos, gratificaciones, prestaciones extraordinarias, comisiones, primas, estímulos, bonos, compensaciones, gasolina a discreción, viáticos); desaparecer el pomposamente llamado “Consejo de Administración” en el que supuestamente están representados los matamorenses, pero que no son otra cosa que membretes de los cuales solo obtienen beneficios quienes cuentan con un asiento en él, o inclusive, individuos ajenos a la institución, pero que gracias a sus relaciones de amistad, de negocios o de otro tipo con los altos mandos de la administración municipal o de la misma JAD, han obtenido muy buenos dividendos.
La intención del alcalde, de sanear financieramente y hacer eficiente a la JAD es buena, pero tampoco creemos que sea por la vía de la consulta pública como se deba de determinar si se llevan a cabo o no las trascendentes medidas que ya se encuentran en el nivel de emergencia. No es posible que por entrar a la moda democrática de las consultas, asuntos de tanta relevancia como el cuestionado sean decididos por una opinión pública –respetable-, pero desautorizada, por carecer de elementos informativos técnicos, administrativos, contables, auditables y medibles institucionalmente, como seguramente sí los tienen o debe de tenerlos los regidores, en particular los de la Comisión de la Junta de Aguas, los diputados adscritos a la comisión del caso, la gerencia general, las Comercial, Administrativa, la de Finanzas, De Proyectos, Técnica, del PIAS, etcétera.
Ciertamente, la consulta pública es un mecanismo de la democracia participativa, horizontal, pero que no en todo y por todo es procedente, pues en primera instancia existen mecanismos de procedimiento institucionales, jurídicos y constitucionales a aplicar, como sería en el caso de la JAD. Adicionalmente y solo como refrendo a dichos procedimientos, aunque no necesariamente –solo para demostrar músculo-, la manifestación pública o los manifiestos masivos de información y comunicación.
En donde sin cuestionamientos sería procedente la consulta ciudadana sería por ejemplo para preguntar si la población está de acuerdo o no en la continuación o cancelación del horario de verano; en la legalización del consumo de mariguana para uso lúdico; en la aplicación de la eutanasia para muerte tranquila o inclusive sobre el desempeño del alcalde, y en su caso, aplicarle la revocación del mandato.

Los formatos son importantes, pero definitivamente, es más, la voluntad política de rescatar operativa y financieramente a la Junta de Aguas y Drenaje, patrimonio de todos los matamorenses. Una acción –aunque fuera ésta la única-, pondría a Mario López Hernández en el escaparate de la historia de Matamoros. Comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com

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