TRIBUNA

Los saldos de Chuchín y el arribo de Mario López

Por Isaías Colunga Morales

Hoy concluye la administración pública que durante dos años encabezó el priista Jesús de la Garza e inicia la de Mario López Hernández, de filiación morenista, quien, por haber llegado al poder, postulado por un partido de izquierda, mucha expectativa de progreso ha generado en los matamorenses. Veremos.
El gobierno de Chuchín es de claroscuros. El hombre inició con ímpetus y con resultados tangibles en áreas del servicio público tradicionalmente ineficientes como limpieza y alumbrado, parques y jardines, inclusive en Tránsito cuyos elementos viales regularmente permanecieron acuartelados, lo que evitó que los automovilistas fueran víctimas de extorsión. En donde de plano no pudo hacer nada, fue en materia de seguridad pública, hasta cierto punto entendible pues de facto, la operatividad del cuerpo de policía, presuntamente la tuvo el crimen organizado, como sucede en casi todo el país.
Los proyectos de infraestructura, algunos aterrizaron, otros se desarrollaron a medias y unos más, de plano, quedaron en espectacular anuncio, como consecuencia de su falta de carácter, rebasado constantemente por su numeroso cuanto ineficiente y costoso equipo de asesores que por atender intereses personales o de grupo, limitaban las buenas intenciones del presidente.
En esa medida, se deduce que los enemigos del alcalde, los tuvo en casa, pues asimismo, los programas eminentemente sociales de carácter subsidiario, no aterrizaron debidamente, por insidias internas de algunos de sus colaboradores, celos y malos entendidos, así como por el saqueo que en algunas dependencias como Comunicación y Prensa, Desarrollo Urbano y Social, hicieron sus titulares, para beneficio personal, todo lo cual a la postre le generó animadversión de miles de ciudadanos que dejaron de ver en Chuchín al salvador de Matamoros y en esa medida, perdió prestigio político y confianza, lo que a la postre le restó apoyo para coronar su deseo de ser reelecto en el cargo.
Contribuyeron también a acrecentar el descontento popular de los matamorenses, los trascendidos, sobre todo en redes sociales, de la injerencia de “mano negra” externa, de personas muy allegadas al presidente que, por el hecho de serlo, se sintieron con el derecho de asumir compromisos, gestorías, recomendación de personas y extraoficialmente, otorgar concesiones de servicios y proveeduría, sin que para ello estuvieran formalmente autorizados, porque simplemente no eran servidores públicos. Claro, dentro de la administración pública nada es gratuito, aunque debemos de reconocer que hay excepciones, garbanzos de a libra.
Es de subrayar que, desde el ámbito externo, de la sociedad civil, hubo instituciones y personas de probada experiencia, de reconocida estatura moral y profesional quienes gratuitamente le ofrecieron apoyar su gestión en áreas especialmente cruciales, con proyectos medibles y, sin embargo, la conseja de sus asesores pesó más, haciendo así de lado la oportunidad de abrir espacios de participación plural ciudadana.
Debemos de reconocer la bonhomía de Jesús de la Garza quien en su seno abriga la buena fe en sus actos de lo cual, hubo quienes abusaron, se valieron de ello para hacer pingües negocios que ya son del dominio público y que, seguramente afectará el futuro político del ya ex presidente municipal si es que continúa en búsqueda de nuevas oportunidades.
Por su parte, el nuevo alcalde Mario López, llega con enorme compromiso moral sintetizado en las premisas de no robar, no mentir y no traicionar que el presidente electo sustentó como eje central durante su campaña política y que ahora ha comprometido cumplir a partir del primero de diciembre cuando formalmente asuma la responsabilidad de presidente de la República.
No obstante, dada la procedencia política del nuevo alcalde Mario López, quien se inició y creció en las filas del Partido Revolucionario Institucional a cuya sombra se desempeñó en la administración pública del también priista Baltazar Hinojosa Ochoa, hay expectación entre los matamorenses, pues las tres premisas lopezobradoristas han sido precisamente el talón de Aquiles de los gobiernos priistas.
Aunado a lo anterior, la voz popular acusa que los principales funcionarios y en términos generales el 95 por ciento de quienes ejercerán trabajos colaterales en los distintos ámbitos de su administración, están identificados con el PRI y no con el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) o con la izquierda tradicional a la que históricamente pertenece el próximo presidente López Obrador y la mayoría de quienes ocuparán los cargos más relevantes dentro de la administración pública federal.
En tal circunstancia, el cabildo que debería de ser el contrapeso formal del nuevo presidente municipal, de entrada, está acotado por el nepotismo imperante en su integración, figurando en el reparto desde la mamá, el sobrino, la hermana, el cuñado o el hijo, algo con lo que el presidente electo Andrés Manuel López Obrador no está de acuerdo, según lo expresó durante una reunión con simpatizantes en Oaxaca, la semana pasada (viernes 21), censurando y llamando la atención a quienes sólo están buscando el poder por el poder, sin escrúpulos. Al respecto ha sido muy claro: “no queremos nepotismo. Nada de que ya llegaron mi primo, mi cuñada, mi tío o mi mamá. Nada de eso”… Sin embargo, en no pocos municipios, morenistas, el mensaje de López Obrador, cayó en oídos sordos. ¿O no?
Agradezco a mis tres lectores los encomiables cuanto estimulantes comentarios en relación a la serie de artículos sobre la Cuba contemporánea. Más comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com

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