TRIBUNA

Cuba, atrapada en el tiempo, oxigena su vida
Segunda parte
Por Isaías Colunga Morales
El apotegma cubano: “Patria o muerte”, ¡hasta la victoria Siempre!, en pocos años habrá quedado en los anales de la historia contemporánea, como mudo testigo de lo que pudo ser, pero no fue. Tras el rescate de la dignidad de los cubanos con el triunfo de la Revolución socialista en 1958, la Habana dejó de ser el prostíbulo y paraíso de la degeneración humana en donde los norteamericanos recreaban y satisfacían vicios y bajas pasiones.
Apretadamente hubieron de transcurrir 60 años de la Revolución que, con la bandera del socialismo quiso devolver la dignidad al pueblo de esa isla del Caribe, para darnos cuenta de la utopía, pues, inmersa en el mundo capitalista, pero sobre todo, ya sin el apoyo del bloque de países socialistas de Europa del Este, el gobierno cubano perdió capacidad de respuesta a las exigencias de bienestar de vida que una población cada vez más creciente demandaba, sin percibir la mejoría sustancial, que sí fue perceptible durante los 30 años de solidaridad de la URSS y otros.
Con esos antecedentes, es que el doctor Fidel Castro -quien hasta 2006 tuvo la conducción del país como presidente-, con espíritu visionario concluyó que los esfuerzos sobrehumanos de los cubanos por la sobrevivencia, sin un mejor futuro, exigía un cambio al sistema económico que, aunque gradual, abriera nuevas expectativas para la existencia de los poco más de 11 millones de cubanos.
Y es que, con 60 años de bloqueo comercial impuesto por los sucesivos gobiernos norteamericanos, que obligaron además a por lo menos diez países del continente americano a cerrar cualquier tipo de acuerdo comercial con Cuba, los esfuerzos por supremos que fueron, siempre resultaron insuficientes para fortalecer las estructuras económicas y financieras del gobierno cubano.
¿La alternativa?, abrir paulatinamente un nuevo esquema al mercado, dar concesiones al capitalismo o para decirlo de otra manera, tratando de salvar la dignidad del pueblo y gobierno cubanos, abriéndose estratégicamente al socialismo de mercado: una válvula de escape a la presión social.
Es precisamente Fidel, el estratega del cambio de rumbo. Desaparece el control absoluto del Estado sobre los bienes de capital, de producción y divisas y con ello el surgimiento de insipientes capitalistas. El turismo como nicho insospechado de oportunidades a los emprendedores. Se autoriza que quienes poseen bienes mediante los cuales puedan proporcionar un servicio, lo hagan, principalmente a turistas extranjeros.
Que, por ejemplo, quien tenga y quiera rentar un espacio de su casa en función de hospedaje, lo haga; igualmente quien tenga un vehículo ofrezca servicio de taxi y/o de transporte masivo a los cubanos o turistas, actividad ésta que, por cierto, inició el Estado tanto en la Habana como en otros lugares turísticos o con historia como en Varadero, Santa Clara o Santiago de Cuba.
Asimismo, los servicios de comedor que estaban reservados únicamente para el Estado a través de hoteles o restaurantes, se autorizaron, de tal suerte que hoy en día proliferan abiertamente tanto en hoteles como en casas particulares en donde son conocidos como “paladares”.
La prostitución y tráfico de drogas que durante el llamado “periodo especial” (1990-1996), llegaron a ser signo distintivo por ser actividades del dominio público, tanto que para no pocos extranjeros llegaron a ser centro de atracción para recrear vicios y pasiones, con la aplicación de severas sanciones, sino fueron erradicadas del todo, sí sometidas a control policiaco. Al respecto refieren los lugareños que, por ejemplo, quienes ejercían prostitución en el Malecón, tradicional y masivo paseo en la Habana, la primera vez se les conminaba a que dejaran de exhibirse con fines de lucro promoviendo a haciendo “turismo sexual”; la segunda vez, se les enviaba a la Isla de la Juventud, durante 15 días a trabajar en tareas agrícolas o en las minas de mármol; a la tercera vez los trabajos se extendían a tres meses.
En cuanto al tráfico de drogas, documenta la historia reciente (“La Hora Final de Castro”. Ed. J. Vergara, 1992), que dos cercanos y multilaureados generales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas (FARC), el general Arnoldo Ochoa, Antonio de la Guardia, el mayor Amado Padrón y el capitán Jorge Martínez Valdés, fueron llevados al paredón y ejecutados, por habérseles comprobado realizando operaciones de narcotráfico con destino a Miami.
Subraya la fuente que los dos primeros eran compadres de Fidel Castro (el presidente), no obstante ello, tras comprobárseles en un video y con testigos, realizando operaciones en la costa cubana, en horas de la noche, fueron la suficiente prueba para que se les llevara a juicio sumario, luego a fusilamiento. El evento fue televisado a toda Cuba. Ante tal escarmiento a militares tan cercanos a Castro, obviamente, todo intento de realizar acciones de narcotráfico, calaron en el colectivo cubano, al grado que, si hoy en día hay tráfico de drogas, por lo menos no es perceptible. Por otro lado, Cuba estaria en el ojo del huracán y sería motivo para que el gobierno norteamericano los acusara y hasta llegaría a llevar a cabo una operación militar para detener y sacar a altos mandos militares, si fuera el caso, como sucedió con el general Noriega quien, a pesar de ser presidente de Panamá en funciones, fue detenido y llevado a presión por el gobierno norteamericano. Mañana continuará tercera y última parte. Comentarios y sugerencias al correo electrónico lisaias67@hotmail.com

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