TRIBUNA

Saldo del Sistema fallido del Gobierno 2016
Isaías Colunga Morales
Llegar al final del 2016, nos obliga a hacer un alto en el camino de la vida para reflexionar en torno de todos los aconteceres que directa o indirectamente, han impactado nuestro día a día económico, político, social, humano, religioso, en fin… Todo.
No somos agoreros del desastre o del catastrofismo, pero debemos plantar los pies en el suelo para reconocer que el 2016 -desafortunadamente, en términos generales para el grueso de los mexicanos-, no fue mejor que los años recientes durante los cuales se acendró la certeza de que nuestra calidad de vida sigue siendo fantasía.
De lo anterior nos da cuenta la realidad que sustentan los innumerables casos de acciones de los gobiernos, pero también de actores de la sociedad civil que a diario trastocan la vida ciudadana, sobre todo de la gente de “a pie” que, con el Jesús en la boca salimos a cumplir con nuestra rutina . Tal deterioro social es abonado por los diferentes medios de información, pero sobre todo las redes sociales que por su cualidad multiplicadora resultan impactantes, pero no por ello llegan a transformar significativamente nuestra realidad nacional.
En efecto, estamos hablando del gobierno, de los políticos y sus bastiones: los partidos y otros organismos no gubernamentales, llamados “de la sociedad civil”; del capital. Pero también de una sociedad permisiva, arrutinada, la cual ha terminado por aceptarlo todo como si fuera designio de Dios. Nos estamos refiriendo a las erráticas corruptas y deshonestas políticas públicas aplicadas desde todas las esferas del poder Ejecutivo, del Judicial y del Legislativo, aderezados confabulatoriamente con el otro poder, el del dinero, el del sector privado que, en conjunto han terminado por aprisionar la de por sí endeble existencia de las clases medias, de los asalariados, de los hombres del campo, ya prácticamente en extinción.
Y no nos estamos refiriendo en particular a los gobiernos priistas, panistas o perredistas. Las experiencias de vida acumuladas durante los últimos 30 años, nos permiten sumarnos al unísono nacional de que “todos son iguales”. Permanentemente salen a relucir los escandalosos latrocinios de gobernadores (el de Chihuahua, de Veracruz, de Quintana Roo, de Sinaloa); de exgobernadores de Tamaulipas (Yarringtón, Hernández Flores. Egidio Torre); del Congreso federal (los diputados y senadores que por estos días se autorizaron o repartieron -como quiera llamarle-, una bolsa de 60 millones de pesos en sueldos, aguinaldo y “bonos compensatorios” (¿?). No se quedan atrás miembros de los poderes locales (gobernadores en ejercicio, diputados y miembros del Poder Judicial); tampoco los alcaldes, síndicos y regidores y, por supuesto la alta burocracia, ahí tiene Usted A Enrique Ochoa Reza, quien fungió como director de la CFE durante 18 meses y al dejar dicha dependencia para ir de presidente del PRI nacional, se auto-pagó un millón 200 mil pesos como liquidación por los “servicios prestados a la nación”. Muchos otros hay así. ¡Qué bonito!
Debemos de subrayar que los nombres de estos “prohombres” que últimamente han salido a la luz pública, no son los únicos. No, por supuesto que no, nos atreveríamos a afirmar que todos quienes han detentado el poder político en los niveles mencionados -unos más, otros menos-, han saqueado, han robado mediante variados mecanismos a las arcas públicas, a la nación, a los mexicanos y si hoy, el actual gobierno federal presume actuar judicialmente contra algunos de ellos, es más por venganzas internas entre su misma clase, porque algún pecado político hay de por medio y, presumiblemente agregaríamos que el “Sistema”, tienen necesidad de sacrificar a por lo menos a alguno de sus chivos expiatorios, para de paso, lavarse la cara, dado el profundo desprestigio que pesa sobre los hombres del actual gobierno priísta y el de su jefe máximo, Enrique Peña.
Se trata pues, de venganzas políticas que también instrumentan los panistas y perredistas, es el caso del perseguido y procesado exgobernador de Sinaloa, Guillermo Padrés, de quien su mismo partido ha puesto su cabeza en charola de plata a Peña para que se luzca y también, lucirse ellos (los panistas) que de esta manera dan imagen de aseo en su casa. Aquí, en corto, el mismo ejemplo persecutorio-político, lo está padeciendo la alcaldesa de Reynosa, Maki Ortíz, desde el Poder Ejecutivo y el Legislativo, en concordancia con la dirigencia estatal del panismo, así lo ha expresado a sus allegados.
La suma de todos estos lastres, ha tenido negativas y muy serias repercusiones en el desarrollo social y al decir social, nos referimos al impacto en el deterioro de todas las políticas públicas de gobierno que disminuyen drásticamente la calidad y cantidad de acciones, como lo acabamos de observar en el recorte al presupuesto de tareas de capital importancia y singular interés como a la ciencia y tecnología, la educación superior, la cultura, la salud, en tanto a inseguridad no solo no se recorta, sino que se amplia muy generosamente el recurso.
Este rubro (el de la inseguridad), que inició con los gobiernos panistas y continuó con el priísta, durante ya casi 18 años, es consecuencia y fiel reflejo de la desbordante corrupción que aún permea desde la cúspide del poder y que continuará siendo alentado y solapado porque sino qué caso tiene estar en el poder, dirán los hombres del poder.
No obstante, es menester señalar que lo anteriormente señalado no sería posible sin el exponencial factor llamado impunidad que, a pesar de la existencia de supuestos mecanismos de control: leyes para la rendición y transparencia de cuentas, contralorías internas y secretarías de la c0ntraloría, que en la práctica, solamente son referencias de utilería para la retórica discursiva para que todo siga cubierto con el manto divino de la impunidad judicial.
Con fundamento en esta desesperante cuanto indignante realidad de saqueo de la nación, es que concluimos por año consecutivo, que los ciudadanos necesitamos instrumentar alternativas de solución para frenar y tratar de erradicar la ya intolerante sinverguenzada; el cinismo en su máxima expresión, antes de que la paciencia encuentre cause para el desfogue de la venganza colectiva.
Toda esta rufla que constituyen la mafia en el poder, deben de saber que el tiempo les está llegando a su fin y por tanto, deducir que en el 2018, deben aperturar el cauce democrático para que el cambio verdadero se de en la formalidad institucional y no en la agitación y revuelta social que, hastiados, millones de mexicanos están dispuestos a asumir para tomar lo que en justicia y derecho les corresponde pero que durante décadas nos ha sido regateado y lo más de las veces, robado.
Por lo demás, aún en este mar de agobio, de inconformidad e incertidumbre los mexicanos debemos de infundirnos ánimo y confianza, aguardar la esperanza, al rayito de luz que nos iluminará en el 2018. En hora buena.
En asunto aparte, informarle que las dos próximas semanas del mes (navidad y año nuevo), el autor de Tribuna hará un receso, pero en la primer semana de enero, estaremos de nueva cuenta en la brega del Señor. Hoy, desearle que en el 2017, muy por encima de todo lo material, goce junto con los seres que precia, de salud y amor.