PLAZA

POR ERNESTO H. SALGADO

LA PREGUNTA NO ES ¿QUIÉN NOS VA A GOBERNAR?
SINO ¿CON QUIÉN VA A GOBERNAR?

Leía anoche sobre “El Manual del Dictador” de los escritores Bruce Bueno de Mesquita y Alistair Smith, que dedicaron el libro a sus dictadores preferidos, y de ahí pasé sin sentirlo a las frases que los distinguieron y que son el hilo que une sus pensamientos y acciones.

Pero me encontré dos joyas que no fueron pronunciadas por ninguno de los dictadores famosos e históricos pero me sorprendieron grandemente: “Bajo el capitalismo el hombre explota al hombre; bajo el comunismo es justo al contrario”. John Kenneth Galbraith y la otra: “La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”. Edmond Thiaudière. UD. Aplíquelas como mejor crea.

Y una que define, en todo su esplendor la personalidad del dictador: “No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo”, pronunciada por Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, dictador en Chile. Hoy el dictador puede decir rojo y mañana afirmar que no es cierto que lo dijo, que lo que quiso decir es negro; al fin y al cabo es su voluntad la que determinará el color.

El Manual del Dictador analiza y expone la estrategia y métodos que utilizaron cada uno de ellos para llegar al poder y permanecer en el por décadas. Todos y cada uno siguieron los mismos pasos.

Adolf Hitler (1889-1945) Político alemán de origen austriaco, uno de los dictadores más poderosos del siglo XX, que transformó Alemania militarizando completamente su sociedad y llevó al país así como al resto del mundo a la II Guerra Mundial.

Losif Stalin (1879-1953) Político soviético de origen georgiano, moldeó los rasgos que caracterizaron al régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS), Estado del que fue su máximo dirigente (1929-1953), y configuró más que ningún otro gobernante la Europa posterior a la II Guerra Mundial

Francisco Franco (1892-1975) Militar y político español, jefe del Estado (1936-1975), responsable del régimen autoritario (franquismo) que se inició durante la Guerra Civil (1936-1939) y concluyó con su muerte.

Augusto Pinochet (1915-2006) Militar y político chileno, jefe del Estado (1973-1990).

Mao Zedong (1893-1976)
Estadista chino, presidente del Partido Comunista de China, principal fundador de la República Popular China y su máximo dirigente desde su creación en 1949.

Benito Mussolini (1883-1945) Político italiano, jefe de gobierno y dictador (1922-1943), fundador del fascismo, llevó a Italia a su desastrosa intervención en la II Guerra Mundial junto al III Reich.

Saddam Hussein (1937-2006) Presidente de Irak (1979-2003). Durante su mandato, caracterizado por la brutal represión de la oposición interna, su país se vio sacudido por tres guerras.

Muammar al-Gaddafi (1942- 2011) Político libio, principal gobernante de su país desde 1969, al cual llevó a partir de entonces a vivir una peculiar experiencia revolucionaria de carácter socialista e islámico. El coronel Muammar Gadafi, gobernó Libia durante 42 años.

Jorge Rafael Videla Nació el 2 de agosto de 1925 en la ciudad de Mercedes. Fue presidente de la Argentina entre 1976 y 1981. Su gobierno fue responsable de incontables abusos a los recursos humanos durante la llamada “guerra sucia”, que comenzó como un proyecto para terminar con el terrorismo.

Hosni Mubarak 30 años detentando el poder de forma autoritaria y burlándose de las urnas, su prepotencia y su negativa a hacer las reformas que su pueblo, desesperado, empobrecido y constreñido por tres décadas de estado de emergencia, exigía desde hace tiempo, fueron su tumba.

La lista de los dictadores es interminable, Latinoamérica ha producido muchos.
La enseñanza que nos deja es que debemos ser muy claros cuando democráticamente participamos ya que con nuestra boleta electoral no estamos optando por una persona, en realidad el poder lo ejercerá una coalición de fuerzas y acompañamientos. Entonces, la pregunta no es sólo quién nos va a gobernar, sino con quién va a gobernar.

El Manual del Dictador no es un libro para personas que quieran refrendar sus esperanzas sobre la nobleza del espíritu humano. El manual del dictador es una vacuna contra la ingenuidad, un compendio de las reglas e incentivos que determinan el comportamiento de los políticos profesionales.

La verdad más incómoda del texto es que las reglas que contiene son igualmente útiles para el tirano que para el demócrata. El autócrata genocida y el estadista visionario pueden leer del mismo párrafo y encontrar reflexiones útiles y relevantes para su respectiva circunstancia. Bajo una cruda radiografía, el empeño de la política se sintetiza en dos ambiciones elementales: la conquista y preservación del poder. El bien común, si se llegará a dar, es sólo un efecto secundario de esa ansia por imponer la voluntad propia sobre las personas y las cosas. Esto no es una manifestación de egoísmo o maldad, sino un rasgo inherente de la naturaleza humana. La gran mayoría de los oficios y profesiones no están basados en un afán altruista. En principio, el ingeniero, la contadora o el mecánico no escogieron sus biografías profesionales con el propósito de avanzar los intereses del prójimo, probablemente los políticos no son muy distintos. La búsqueda de la prosperidad colectiva, sincera o fingida, es una narrativa útil para alcanzar el fin último de afanarse al poder.

Debemos estar muy claros para entender que en la política es necesario desechar la noción de que un líder puede actuar o decidir de forma unilateral. Hasta en una monarquía absoluta, el Rey tiene que negociar y ceder una parcela de poder a los grupos que lo sostienen en el cargo. Esta premisa es válida tanto para José Stalin, Gengis Khan, Benedicto XVI o Barack Obama: nadie puede gobernar aislado. Ningún hombre es una isla, mucho menos aquel que ejerce una posición de autoridad.

El caudillo, tiene que dialogar, concertar y luego entonces decidir y hacer creer que es su voluntad la que está imponiendo.

Y como pueblo debemos entender que el gobernante, el líder, el jefe procurará, siempre, que su
coalición ganadora sea lo más pequeña posible. La gente que lo sostiene, aquella que verdaderamente le hace ganar el poder y mantenerlo en él, es a la que debe tener contenta. Cuanto menos son, más los controla y mayor discrecionalidad tiene sobre los gastos.

Se nos acabó el espacio, así que el lunes platicaremos de los temas estatales y locales, les deseo un excelente y bendecido fin de semana.