PLAZA

POR ERNESTO H. SALGADO

LA OCLOCRACIA

El camino que abre el Presidente electo, puesto en marcha con las formas en que fue anunciada la cancelación de la construcción del Aeropuerto en la Ciudad de México obligadamente nos lleva a recordar a Polibio el historiador greco romano.

Polibio fue uno de los más destacados autores de la antigüedad grecolatina que nos habló de las formas de gobierno. Un historiador que nació y se cultivó originalmente en una ciudad griega, Megalópolis, pero tras la conquista de Macedonia, que hicieron los romanos, fue deportado a Roma. Escribió una gran parte de la historia de Roma en griego, su lengua materna y otra parte en latín.
Polibio, enumeró seis formas de gobierno, tres buenas y tres malas –aquí es donde emplea el término oclocracia por primera vez. El define tres formas buenas de gobernar: la monarquía, la aristocracia y la democracia. Al mismo tiempo enumera tres malas formas de gobierno: la tiranía, la oligarquía y, finalmente, la oclocracia.

Para él, oclocracia es la tiranía de las mayorías incultas y el uso indebido que hacen de la fuerza, para obligar a los gobernantes a adoptar políticas, decisiones o regulaciones desafortunadas; una forma de gobierno similar a la demagógica.

¿En qué situación podemos identificar que un gobierno se rige bajo la oclocracia? Cuando la voluntad general comienza a presentar vicios en sí misma, encarnando los intereses de algunos y no de la población en general, pudiendo tratarse aún como una «voluntad de todos», pero no de una voluntad general. Y esto es riesgoso porque en las oclocracias, tarde o temprano, entronizan a un líder mesiánico que acaba asumiendo facultades de dictador –lo que fatalmente lleva a oligarquías totalitarias y el ciclo se repite.

La democracia se convierte en oclocracia cuando el pueblo sigue los intereses de un individuo o un grupo minoritario.

Polibio decía que las formas de gobierno son cíclicas, y que cada una de ellas termina cuando degenera en una versión peor de sí misma. La monarquía acaba en tiranía, la aristocracia termina en oligarquía y la democracia degenera en oclocracia, siguiendo ese orden exacto y volviendo a empezar.
Cuando estamos en democracia, el pueblo tiene (o cree que tiene) la voluntad legítima para autogobernarse, pero ese gobierno puede verse influenciado por la voluntad confusa e irracional de cada individuo, y por lo tanto el pueblo carece de capacidad para el autogobierno. En otras palabras, Polibio expresaba que, como pueblo, quizás no estamos preparados para decidir sobre cuestiones políticas.

La voluntad de un individuo se camufla como la “voluntad de todos”, y para conseguirlo, ese mismo individuo utiliza el sector más ignorante de la sociedad. La oclocracia sugiere, por lo tanto, que la mayoría social puede equivocarse, sobre todo si ha sido manipulada por la propaganda de unos pocos.
Esto está relacionado con el concepto de argumento ad populum, una falacia que implica que un argumento o afirmación no tiene porqué ser verídica solo porque esté respaldada por la supuesta opinión de la mayoría.

¿Cómo se pasa de la democracia a la oclocracia?
Varios filósofos, entre ellos Rousseau, señalan que se degenera a oclocracia cuando la voluntad general cede ante la voluntad de unos pocos. Esto se consigue manipulando al pueblo, a través de la propaganda o de los medios de comunicación. Muchos coinciden, no sin cierta razón, que algunos estados actuales disfrazan la oclocracia bajo una falsa máscara de democracia.

Podríamos afirmar que la oclocracia es el punto de partida de los regímenes totalitarios. El objetivo de Adolf Hitler al instaurar el tercer Reich era conseguir un cambio social, pero también invadir otros países. Hitler fue el primer dictador en aprovechar todo el potencial de su maquinaria propagandística para hacer creer a la población que para que Alemania prosperase, era necesario eliminar sistemáticamente a la clase judía y acabar con el comunismo.

De la misma forma, podríamos decir que la Rusia comunista, y por lo tanto el comunismo en su totalidad, es una forma de oclocracia. Unos pocos individuos, con unos intereses concretos, convencen al pueblo para que elimine la burguesía e instaure la dictadura del proletariado. Es fácil que ese proceso se lleve a cabo de una manera irracional.

Como vemos, nada nuevo hay bajo el sol. Lo que estamos atestiguando no es sino el camino que debe recorrer la sociedad mexicana para llegar a encontrar la forma de gobierno que más conviene para el bienestar de la mayoría y definitivamente no es la que empezará a gobernar de manera formal a partir del primero de diciembre.

Hasta aquí dejamos de hacer corajes y le cuento que por fin hoy al cuarto para las doce y a punto de que se le quemara el agua hirviendo se convocó a los regidores a una sesión del cabildo que pasó de ordinaria a extraordinaria en la que se darán a conocer las comisiones que presidirá cada uno de ellos.

El agarrón estuvo grande, ninguna de las cinco fracciones quería ceder y se llegó incluso a pretender que la señora regidora, madre del secretario de Bienestar Social y del director de Compras presidiera la comisión de bienestar social, lo cual le hubiera creado un serio conflicto de intereses y provocado en el futuro inmediato una serie de problemas a su hijo. Efraín Encinia el secretario del ayuntamiento al parecer dejó los rayones” y modificó esa asignación. Hoy sabremos que le dieron a la regidora, posiblemente turismo.

La sesión del cabildo tendrá lugar a las ocho de la mañana, buscando que no estén presentes los representantes de los medios de comunicación.