PLAZA

POR ERNESTO H. SALGADO

GLOBALIZACIÓN VS. POPULISMO Y NACIONALISMO

El surgimiento en México de un exacerbado sentimiento de fracaso alimentado por el interés político de un grupo faccioso pone en evidencia y saca a la luz lo que verdaderamente está a discusión es la globalización surgida y desarrollada en el siglo XX como un proceso no sólo económico, sino también tecnológico, político y cultural, enfrentada por un nacionalismo que apela a las diferencias y desigualdades económicas , de raza, de entidad, de origen, de religión y que en México evidencia una profunda desigualdad de clase.

Después de más de 25 años la globalización en México, no trajo una sociedad homogénea, el crecimiento esperado ni enterró identidades y agravios que hoy permanecen en la sociedad como heridas abiertas, sin sanar.

Aquel gran mercado que apelaba a los consumidores llama ahora a una ciudadanía que apela a la identidad, utiliza su poder sólo como consumidor y reacciona ante un modelo que sin duda le ha quedado a deber, al igual que sus autoridades.

La propuesta de la globalización lanzada en México por Carlos Salinas de Gortari, desde los tiempos en que fungía como secretario en el gobierno de Miguel de la Madrid iba a convertirse en política económica que prometía crecimiento derribando fronteras.

Esa sociedad libre que obtendría lo mejor del mercado, la calidad, la innovación, los precios bajos, los empleos, las puertas abiertas, hoy topa con un muro.

Hoy apelamos a la ciudadanía y la llamamos a fortalecer al país con una unidad que va más allá de la identidad y tiene como única motivación la amenaza externa y quedó demostrado que no fue suficiente.

Hoy nos preocupa un salario estancado, hoy nos debatimos en la violencia, en la desigualdad, en la corrupción y en la pobreza.

En ese marco es que los movimientos populistas encuentran un apropiado caldo de cultivo, tanto si son de izquierda como de derecha, su oposición a la globalización, en general, y al libre comercio, en particular es sólo el chivo expiatorio y encuentran fácil culpar a los “otros” como la fuente de todos los problemas.

Se podría justificar el populismo por las consecuencias económicas negativas que ha tenido la globalización sobre ciertas clases sociales y que han supuesto una pérdida de legitimidad para el sistema.

La desigualdad y otros perjuicios económicos creados o exacerbados por la globalización generaron en la opinión pública el irracional apoyo a grupos políticos que se situaron fuera de los partidos tradicionales y que se oponen a las reglas del juego.

El resultado lo vemos en México, en donde la clase mayoritaria, sin razonar que es lo que realmente estaba en juego siguieron las incumplibles promesas de alguien que les ofreció el paraíso que no es otra cosa que abandonar la ruta de la economía globalizadora para buscar soluciones en el costoso pasado del nacionalismo revolucionario de las décadas de los 50 y sesenta.

Ese volver al pasado en busca de mágicas soluciones se expresan en la intención anunciada por el Presidente electo Andrés Manuel López Obrador que dio a conocer su propósito de desaparecer las delegaciones federales para dar paso a un representante general del gobierno federal en cada entidad. El pretexto adelgazar la nómina federal, en la práctica centralizar el poder y colocar un poder mayor sobre cada gobernador.

No es nada nuevo en tiempos del presidente Porfirio Díaz, funcionó ese sistema, la figura se llamó
Jefe Político que fue una pieza esencial en la política de centralización que llevó a cabo el general Porfirio Díaz durante su dilatada gestión como titular del ejecutivo nacional. Esta posición intermedia, proveía de información directa de los incidentes del campo y las ciudades mexicanas a la presidencia, y recibía órdenes exactas sobre la forma de dar solución a ciertas problemáticas locales por parte del mismísimo presidente. El gobierno porfiriano no habría podido sostenerse como lo hizo durante poco más de 30 años. Y fue precisamente por la importancia de dicho puesto que los que lo ocupaban tenían que ser leales comprobados al gobierno y podían ser elegidos por el presidente directamente, o por el gobernador de alguno de los estados aunque, claro, siempre con el visto bueno del general Díaz.

Entre sus atribuciones se encontraban las de comandar a las fuerzas armadas establecidas (policía, ejército y la policía rural) para sofocar cualquier connato de rebelión.

Era generalmente la policía rural, tanto federal como estatal, al mando del jefe político, la que se encargaba de mantener el orden en el campo.

Esa fijación de hurgar en el pasado para encontrar soluciones a los problemas actuales no traerá nada bueno a México, cerrar los ojos a los logros de los últimos treinta o cuarenta años y negar los avances del México moderno para sumirnos de nueva cuenta en viejas políticas económicas que acompañaron el nacionalismo revolucionario nos hundirá en una crisis que afectará el futuro de varias generaciones.

Cambiando de canal le cuento que en Matamoros el proceso de entrega recepción espera que el presidente electo Mario López designe a quienes serán su equipo de transición para que en común acuerdo con los actuales funcionarios revisen lo que reciben.

La administración de Jesús de la Garza se ha manejado con transparencia lo que facilitará la entrega de las riendas a quien habrá de dirigir los destinos de Matamoros durante los próximos años.

En lo político el PRI local no tiene para a donde hacerse, sin guía estatal sin líder en el municipio y sin recursos no tiene nada que ofrecer, la única opción es ser realmente un partido de oposición y desde esa cómoda posición levantar nuevamente el ánimo popular. Cosa que vemos difícil porque no hay en sus filas quien llene ese lugar.

Acción Nacional igualmente está en busca de nuevos liderazgos locales, porque quedó demostrado que los actuales perdieron rumbo, sufrieron desgaste y no pudieron ni siquiera asegurar su presencia en el cabildo.

Vienen meses de extraña calma y solo algunos valientes que buscarán candidaturas al congreso local tratarán de hacerse notar. Veremos y diremos.

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