“No era el momento de que muriera”

“Estuvo horrible, había muchos muertos”, es lo primero que dice Sabrina Barrera, sobreviviente del tiroteo registrado en el “Borderline Bar & Grill”, en la ciudad de Thousand Oaks, en el condado de Ventura, California, a 50 kilómetros de Los Ángeles.
La noche del miércoles, David Long, de 28 años de edad, un veterano ex marine de Estados Unidos, abrió fuego y mató a 12 personas, otras 21 resultaron heridas. Una vez que las autoridades tomaron el control del lugar, encontraron muerto al asesino.
“No lo puedo creer, necesito tranquilizarme aún; no puedo hablar de eso, estoy en shock y necesito tranquilizarme”, dice con voz quebradiza esta mexicano-estadounidense, originaria de Santa Mónica, California, y quien actualmente estudia un doctorado en Administración.
“Al primero que mató era amigo mío”, lamenta Sabrina, refiriéndose al hombre que cuidaba la entrada del lugar y a quien Long disparó a quemarropa. De ahí, el agresor caminó al interior del restaurante y dejó caer al menos una granada de humo. Inmediatamente después comenzó a disparar contra los presentes.
“Aún no lo puedo creer, casi nunca salgo. Estaba aburrida y como me queda muy cerca de donde vivo, salí un momento a saludar a mis amigos. Fui caminando, ni siquiera había tomado algo y aun así, cuando [el asesino] comenzó a disparar, no supe de inmediato qué pasaba”, relata confundida. “Me pareció que era algo como parte de todo el ambiente, hasta que vimos como en tinieblas que alguien estaba disparando”, relata.
Según la descripción de Sabrina, el “Borderline Bar & Grill” es un restaurante que, en su interior, no es muy amplio y la noche del 7 de noviembre, como casi todos los miércoles, estaba lleno de gente, la mayoría jóvenes universitarios de los alrededores.
“En especial [estaba lleno] los miércoles porque es noche de convivencia musical de Country Dance y permiten la entrada a jóvenes de 18 años en adelante”, asegura la joven. “Yo creo que por eso logró matar a más gente —dice, en referencia al tamaño del lugar— es como si los hubiera tenido en línea”.
Recuerda que los balazos “se oían fuerte, muchos nos echamos al piso y otros salieron corriendo, yo logré salir con otras chicas porque unos muchachos nos ayudaron. Estoy muy triste por los que no alcanzaron a salir”, dice muy angustiada Sabrina, quien repite una y otra vez que no entiende qué fue lo que pasó. “Esta es una buena ciudad, no sé cómo pasó esto”.
La estudiante describe que “la parte de afuera del lugar es muy grande y amplia, es una pista de baile, tal vez una de las más grandes de por acá. Pero ahí, en la parte donde disparó, es una área muy chica, con mucha gente amontonada”. Sobre los hechos, relata: “He escuchado que después de matar a mi amigo, en la recepción del restaurante, golpeó a una chica y luego pasó lo del humo —la granada de humo que habría lanzado Long— y los disparos”.
Agrega que una vez que las autoridades tomaron el control del lugar y se aseguraron que el agresor estaba muerto, “muchas personas nos quedamos afuera, en las calles, y poco a poco nos fuimos acercando otra vez. Nos abrazábamos y muchas [mujeres] estaban en crisis llorando.
“Yo no sé por qué no me regresé a mi casa, supongo que quería ayudar, saber por qué había pasado, no sé”, reconoce la joven.
Thousand Oaks es una ciudad de unos 130 mil habitantes y se le conoce por ser un lugar de muchos estudiantes por su cercanía a las universidades de Channe Island, Peperdine, Cal Lutheran y Northridge.
“Necesito saber más de quienes perdieron la vida; no importa si no los conocía a todos, quiero ir a todas las vigilias que hagan o las más que pueda”, comenta Sabrina. “No me tocaba, definitivamente no me tocaba; no era el momento de que muriera”, asegura.